No pretendo agradarles

Así que pueden confiar en mi

1.28.2005

El bizarro como accidente

Declaración de principios sin un final

El término bizarro está siendo usado para describir cosas que, verdaderamente, no lo son. Es un término de moda para describir todo aquello que salga de lo común. Y si bien esa es una de sus características, se necesita mucho más para etiquetar algo como bizarro.
El diccionario dice que bizarro es todo aquello “valiente, generoso o espléndido.” Así que, si al decir bizarro no se refieren a ninguno de esos adjetivos, tienen que saber que se meten en un camino espinoso.

¿Qué es bizarro?
El bizarro, como definición de extraño, fue acunado por unos pocos cultistas cinéfilos que castellanizaron la palabra bizarre (muy usada en el cine gringo de los ’50). Bizarre, en inglés, sí sirve para describir cosas que, de tan raras, ya ni siquiera pueden describirse como tales.
Bizarro, entonces, en su acepción cultista, sólo puede usarse si cuadra, exactamente, con lo pensado por los responsables de “importar” la palabra.
Muchos dirán que el bizarro se remonta a las épocas del teatro Gran Guiñol, junto con el gore. Otros tantos señalarán las causas del bizarro como una búsqueda de nuevas formas, de la experimentación narrativa. Algunos desvelados asegurarán que va de la mano con las producciones de bajo presupuesto. ¿La posta? El bizarro es un accidente imposible de clasificar, etiquetar o explicar con teorías intelectualoides. La misma esencia del bizarro es accidentada. Y accidentes se pueden presentar tanto en las producciones de bajo presupuesto como en las mega producciones hollywoodenses.
Bizarro es encontrar una vaca tomando té en el Hotel Plaza con el General Perón. Bizarro es caer para arriba vestido de bailarina. Bizarro es lo absurdo, lo ridículo, lo contradictorio, lo impensable y las formas en que se presentan tales cosas. No bastaría decir que una escena es bizarra por sólo mostrar a una persona que cae para arriba si no está vestida de bailarina (y si tiene las piernas y el pecho peludos, con una barba que le llega a la cadera, mucho mejor).
Por otro lado, la ingenuidad del bizarro no permite una intención. Cualquier escena que se conciba como bizarra será un fracaso total desde el principio. La idea debe ser pensada como algo total y completamente normal. Ya que la normalidad e ingenuidad con la que se presenta forman la esencia de lo bizarro. De otra manera, se verá forzado y armado.
Es claro que en la experimentación estos accidentes se dan con más frecuencia. Es esperable que frente a las limitaciones técnicas de las producciones de bajo presupuesto la imaginación se deje volar un poco más para rellenar las carencias. Pero no por eso podemos etiquetar a toda película barata con el rótulo bizarro.
Siguiendo esta línea de pensamiento, desmitifiquemos un poco (¡por favor!) el hecho del que bizarro va de la mano de ciertos géneros. Si bien es cierto que algunos de ellos (como el terror, la comedia y la ciencia ficción) se prestan más para las "bizarreadas" esto no es algo excluyente.
Se suele confundir, también, el bizarro con el gore o splatter. La exacerbación de tripas, sangre y fluidos corporales (por sí mismas) no es suficiente como para catalogar a una obra de bizarra.

Ed Wood
Ed Wood se creía un artista. Se creía un incomprendido. Creía que su arte era sólo para mentes selectas. Con eso justificaba su fracaso. Y en parte es cierto. De lo contrario no habría sufrido el revival que está viviendo hoy en día. El "peor director de la historia" consideraba normal contar la vida de un tipo que -sin ser gay- gustaba de vestirse de mujer (Glen or Glenda). Y usaba ese filme como una especie de autobiografía feminista, con total convencimiento de dejar un mensaje valioso a la humanidad (con ese ridículo final que hoy es clásico). Sólo él podía pretender que sus inserts robados de los grandes estudios fuesen aceptados como la genialidad que pretendían ser. Sólo el podía imaginarse que sus errores iban a ser perdonados en virtud de su arte...
Ed Wood es el mejor ejemplo de lo bizarro. Sus películas son tan anormales como el personaje y nunca tuvo la intención de ser llamado bizarro. De seguro, odiaría saber que más adelante alcanzaría la fama que en vida no logró gracias a sus delirios mal producidos.

Se podrán hacer miles de tesis sobre lo bizarro. Se podrá intelectualizar cuanto quieran. Podrán buscar sus recursos y tratar de esbozar una teoría. Pero la verdad es que resulta imposible hablar de preconcepciones. Porque, como todo accidente, el bizarro es impredecible. Y eso mismo es lo que lo hace tan atractivo, tan seductor, tan... bizarro.

Para seguir pensando


1.21.2005

La importancia de tener un blog

Para que nadie sea especial

Hacer un blog no es ninguna ciencia. No se necesitan estudios, ni criterio, ni talento, ni nada que se parezca -remotamente- al buen gusto. Apenas haciendo clic en un par de botonitos, cualquier hijo de vecino puede tener su lugar dentro de la autopista virtual. Periodistas de importantes medios celebraron la noticia diciendo boludeces como: ¡Internet se ha democratizado! ¡Juntos podemos construir un mundo donde la libertad de expresión sea moneda corriente! Desgraciadamente, cuando se nos brinda libertad, la entendemos como libertinaje. Y en vez de usar las herramientas que se ponen a nuestra disposición para beneficio de una comunidad deseosa de crecimiento, debate y cultura, la bastardeamos de tal manera que se transforma en una herramienta para acentuar la mediocridad. Y cuando un lugar se llena de mediocres, o se masifica -como quieran decirlo-, aquellos que tienen algo importante que decir, lo callan o lo dicen en otro lado.

Como siempre sucede, al estandarizar los mecanismos caen los filtros que deberían mantener fuera a toda la gilada. Y surgen productos -blogs, en este caso- que reflejan el nivel de una sociedad vacía y frívola. Se nos da la libertad de publicar en un medio masivo, internacional, de fácil acceso, un medio al que pueden acceder millones y millones de personas, ¿y qué hacemos? Lo utilizamos para contar trivialidades privadas sin siquiera cuidar la forma. O peor, ponemos fotitos de la noche de ayer y contamos lo loooooooca que estuvo la fiesta a la que fuimos.

"Te cuento por si no savias (sic), que el objetivo de mi blog es resaltar mi ego, nada mas, y tenrer (sic) un egitro (sic) de delirios", dice un blogero que visita esta página más de lo que debería. Todo bien, viejo. Pero... ¿no crees que estás bastardeando una herramienta con un potencial muchísimo mayor? ¿Usás algo con el potencial de llegar a billones de hogares para... contar por qué cambiaste de restaurante? Por supuesto, este individuo es uno de los millones que no cuida ni la forma ni el contenido de su blog. Haciendo, por lo tanto, que el blog sea un medio de expresión devaluado. La libertad de expresión es válida, siempre y cuando se tenga algo que expresar. Recordemos eso, por favor.

Cuando se les habla de la forma, dicen: "La gracia del blog es la espontaneidad. La instantaneidad". Y con eso se disculpan de los horrores ortográficos y gramaticales que comenten. ¿Esa es la gracia de los blogs? Mierda. Mi trasero, cuando quiere ser espontáneo, se tira un pedo. Pero no por espontáneo deja de tener mal olor.

En su blog recién inaugurado, Ciro decía: "El weblog te hace único, te diferencia; te da voz en esta aldea global masificada en donde los mensajes viajan (se imponen) en un único sentido. Yo también quiero ser único. Yo también quiero ser diferente. Yo también quiero mi weblog. Como todos". Esa era la respuesta del pobre tontuelo al "Para qué tener un blog, si total...". Cerraba su diatriba con la ya relamida frase de Syndrome: "Todos tendrán superpoderes... y entonces nadie los tendrá".

Los blogs ya no tienen salvación. Ya no pueden cumplir el rol social que alguna vez la prensa soñó que podrían tener. Por eso, todos tienen que tener un blog, todos. No hay que validar la estupidez con el silencio, y regalarles a los mediocres eso que buscan tan desesperadamente desde siempre: ser especiales. Todos tenemos que ser especiales por tener un blog, así nadie lo es. Aunque sea un blog tan boludo e inservible como este. ¡Todo sirve! Y a ver, si de una vez y por todas, volvemos a esos tiempos locos donde la gente era especial por mérito, y no por estandarización.

Para seguir pensando

¿No querías que te linkeara?
Igual te quiero, che.


1.14.2005

Pornografía argentina

Todo lo que siempre quiso saber y nunca se animó a preguntar


Alguna vez, la Argentina fue pionera en el género. Hoy, la industria parece muerta. Pero existen realizadores que no se resignan a la idea y logran productos de exportación, así como gente desprejuiciada que no duda en dedicar sus sábados a la noche en la producción amateur de películas triple X.

Un poco de Historia
Luke Ford, en su History of X, la Biblia de la pornografía, afirma que una de las primeras producciones del género es argentina y que se remontaría allá por el año 1907. Muchos se mantienen escépticos. Sea como sea, El Sartorio -así se llama el film- es hoy mítico y, por más dudas que haya sobre su año exacto, fue una película muy temprana y que merece su lugar en la historia del Triple X.
A partir de 1920 existen, en la Argentina, registros de la producción casera de películas pornográficas para un acotado circuito de la alta sociedad. Filmaciones clandestinas en su mayoría, que se iban pasando de mano en mano entre aquéllos que tenían el dinero para darse un lujo tan costoso.
En los años '50, de la mano de la mafia italiana, que estaba a pleno en el negocio de la prostitución se hicieron una innumerable cantidad de películas pornográficas. En ese momento, la Argentina se convirtió en uno de los mayores exportadores del mundo. En los 60, se realizaron algunos intentos, pero la cosa comenzó a decaer por la represión y la censura de los gobiernos militares.
Luego vino la diosa Isabel Sarli y los consabidos Olmedo y Porcel, entre otros tantos etcéteras, para llenar con su "erotismo" el bache dejado por aquellos pioneros argentinos que se atrevieron a mostrar la carne de nuestros hombres y mujeres.
El documentalista Uriel Barrios, dedicó más de dos años de su vida a recopilar información sobre el tema de la pornografía en la Argentina. Como resultado, son 13 los capítulos que conforman la serie Argentina XXX, una fuente de información inestimable para esta nota.

Victor Maytland, un pornógrafo visionario
En lo referente a la producción industrial solo una persona puede ostentar el título de director cuasi mainstream, y esa persona es Victor Maytland. Este uruguayo, residente argentino, cuenta con una importante cantidad de películas porno en su haber. El pitilín colorado, Las tortugas mutantes pinjas, Los porno sin son y Los Pinjapiedras son sus primeras producciones. Muy casposas todas ellas, con un humor demasiado satírico -tan característico de los argentinos- y bastante malo, actores de medio pelo, y cosas bizarras como disfraces y máscaras -que ocultan la identidad de los actores- y escenas explícitas un tanto baratas. Hoy, Maytland tiene una productora de películas condicionadas llamada Producción Nacional con una estética un poco más acorde a los tiempos que corren, sin máscaras, ni humor malo. Los pornodebutantes argentinos y Los pornodebutantes argentinos II son títulos obligados -aunque con tintes amateurs- para todo aquel que se considere un sibarita de la pornografía. Victor Maytland, un creativo si los hay, además de un pionero en su estilo, también fue responsable de Expedición Sex, un Reality Show sin vueltas, filmado en las islas del Tigre y con mucho sexo explicito con gente desprejuiciada dispuesta a todo para pasarla bien. Expedición Sex es el primero en su especie y fue trasmitido por la señal de cable Afrodita en respuesta a los cientos de programas Reality que pululan por la televisión argentina. Lo protagonizaron, entre otros personajes, una maestra jardinera, un camionero, una estudiante, un abogado y un barman. Personas normales que asistieron a la convocatoria de Maytland, impelidos más por la experiencia que por el premio. El formato es similar a el de Expedición Robinson pero, en las islas del Tigre, nunca faltó la comida, ni el abrigo, ni el mate, ya que son elementos necesarios para tener una jornada agotadora de sexo. Los participantes se votaban entre sí para echar a sus compañeros de la isla. Pero, para mantener un equilibrio, las mujeres solo podía votar a los hombres y los hombres a las mujeres. No faltaron las alianzas, ni las traiciones. Las pruebas de inmunidad y bienestar no estuvieron ausentes. Y las proezas sexuales más impensables se materializaban en pantalla. 200 hombres se presentaron a la convocatoria de Victor, junto a 20 mujeres, un casting impresionante para su próxima película. "Vos podés ver al Gran Hermano de Robinson en El bar, pero en Expedición Sex vas a verlo todo", asegura Maytland. Y muchas productoras extranjeras ya se aseguraron los derechos de Expedición Sex y Afrodita está a punto de editar los 13 capítulos de la tira en video. Muy recomendados todos ellos.

Fiamma, la apetecible Paraguaya
Fiamma, una paraguaya radicada en la argentina, es la porn-star del momento. Ella, junto con Maytland, filmaron un Gang Bang -donde participan más de tres hombres y una sola mujer- llamada Fiamma y los 12 hombres. Su esposo Hector dirigió y produjo su propio film condicionado, titulado Amistades Peligrosas. "Una especie de biografía de nosotros", dice Hector. Fiamma sostiene que no esta dentro de la industria por dinero, porque no se manejan grandes cifras, aclara, sino por diversión. Ella y su marido Hector tienen una fábrica de productos para bebés.

El circuito amateur
Personas como Maytland son la prueba viva de que, ni aún con perseverancia, se puede generar un mercado interno que sustente la producción regular de películas del género. Por un lado, la Argentina no es el lugar más adecuado para filmar películas XXX de mediana calidad en 35 mm ya que los pocos que se animan, carecen de recursos. Eso sin contar el conocimiento necesario para el montaje de una película. Así, el video se ha impuesto en las preferencias de los realizadores argentinos y la calidad de este formato difícilmente pueda compararse con las producciones que llegan del extranjero. También existe el problema de los prejuicios. En cualquier otro lugar del mundo, una actriz porno es considerada una celebridad, en nuestro país no se haría más que estigmatizarla. Esos dos factores logran que muchos opten por la filmación de películas amateurs para la exportación. Hay que reconocer que, entre lo "amateur" y lo "mainstream", en la Argentina las divisiones no están muy bien establecidas. Ya que incluso las producciones "importantes" rozan lo cutre de lo amateur.
Para que se entienda, lo amateur en el género es todo aquello en lo cual no participen actores conocidos, se prefiere que sea su primera vez frente a la cámara, que carezca de un presupuesto holgado y que se asemeje -estéticamente hablando- lo más posible a la realidad. ¡Vamos, como filmar las relaciones de cualquier pareja argentina! Esta estética, existía desde los comienzos del género, pero recién se comenzó a apreciar y masificar con la llegada de Internet a los hogares del mundo. El fácil acceso a la red de redes logró que esta corriente se convirtiera en una ola imparable. Cualquiera podía filmarse teniendo relaciones con su pareja, subir el video a Internet y hacer unos cuantos dinerillos con sus aventuras. Poco a poco, lo amateur se ganó un lugar en las preferencias del pornógrafo y hoy es un negocio redondo y accesible para cualquiera que se anime. No son pocos los argentinos, escondidos en sus mal iluminadas habitaciones, que con la ayuda de una cámara digital filman sus experiencias sexuales y las venden al mejor postor... o al primero que aparezca.


El gusto de los argentinos
"En el cine porno, principalmente busco diversión. Me aburre un poco una película `sin argumento´ cómico. Es decir, ésas que meta y ponga nomás son bárbaras, pero me canso a los minutos. Me gusta que tenga situaciones divertidas, bien ridículas, y que haya buenas minitas, muchas minitas y pocos chabones. No me va lo bizarro (aunque las siliconas no están mal). Ah, y creo que hoy, con varias decenas de películas encima, me inclino por el cine amateur, aunque las producciones de Blake, esas con culos y tetas perfectos, me alucinaban en su momento. Me acuerdo de una película argentina, el nombre no lo sé en este momento, pero era comiquísima y media casera. ¡Empezaba con una minita empapada en yogurt! Estaba muy buena, aunque nunca más volví a ver ni a buscar una peli hecha acá." comenta Durgan Nallar mientras revisa las estanterías de un conocido porno shop. Eugenio, que hace cuatro años trabaja en un videoclub especializado, nos comenta que "en la argentina hay de todo. El más común es el trajeado que sale de la oficina a la hora de almorzar, busca en la sección de travestis y paga sin decir ni mu. Pero después tenés de todo... ¡si te contara! Ves parejas que vienen a calentarse con las tapas, se manosean un rato, se ríen y se van de la manito. Está lleno de gays, tuvimos que ampliar la sección, con eso te lo digo todo. Lo amateur se alquila bien y con las películas de teens no doy a basto. De lo clásico ya casi no se pide, solo las películas de Private tienen salida. Ah, la zoofilia gusta". Cuando se le preguntó a Eugenio por las películas argentinas, responde señalando hacia algún lugar indeterminado "hay un par por ahí".

¿Porqué alquila películas condicionadas? se le pregunta a Durgan. "Me estoy poniendo viejo" -ríe- "Ahora apuesto al Viagra Plus -el común es para otras, el Plus para hacerlo con mi jermu-. Claro que, un par de años más, y tengo que volver a alquilar porno todos los días."


Esta investigación tiene unos años. Pero se mantiene bastante vigente. Solo han habido algunas pocas películas nuevas y algunos argentinos trabajando para páginas yanquis. Uno de ellos es el creador de El Mono Mario, quien estuvo haciendo animaciones para la web CumOnHerFace


Para seguir pensando



1.12.2005

Un inodoro no es arte

El concepto de que una idea ya es arte, me viene rompiendo las pelotas desde años. Es cierto que me rompo las pelotas bien fácil, pero ya sabía yo que algo así iba a suceder. El presentimiento me soplaba la nuca (o al menos espero que haya sido el presentimiento) y ya no queda duda al respecto: hoy, el arte, es apenas un refugio para mediocres pretenciosos. La macana no es que sean mediocres, sino que pretendan disfrazar su inoperancia de expresiones artísticas. Con la excusa de lo conceptual, de que el arte es subjetivo, que no se explica y de que el artista está por encima de todo cuestionamiento, se han cometido -y se seguirán cometiendo- atrocidades inexplicables. Atrocidades creadas, únicamente, para elevar el pequeño ego del supuesto artista.

¿Todos tenemos derecho a expresarnos? ¡Por supuesto que sí! Aquí lo estoy haciendo yo, pero no me creo un maldito artista. De hecho, el concepto de autodenominarse artista es tan soberbio como falaz. El artista es un genio, tiene que serlo. O al menos tiene que tener mucho mucho talento. Creer que el arte puede provenir de otro lugar que no sea del de un visionario, del de un genio, es sacarle al arte el misticismo que siempre tuvo. Es robarle su lugar en la historia universal. Si todos son artistas, todos son visionarios y/o genios. Ustedes sepan disculpar, pero son pocos los que merecen este rótulo. Además, si todos son únicos, entonces nadie lo es (The Incredibles dixit).

No, no creo en las medias tintas.

Decir que uno hace arte es considerarse artista y, por consiguiente, con un genialidad más allá de la media humana. Reconocer el genio es algo reservado para los terceros. Todo lo demás es soberbia o Chabán. Yo no soy Freud, aunque soy igual de degenerado, pero dicen que la soberbia no es más que una manera de camuflar las inseguridades. ¡Deben existir otras maneras de superar sus complejos! Pero, ¿bastardear el arte? ¡Si ya han bastardeado tantas cosas! Vayan a terapia, refúgiense en la religión o tomen drogas. Pero dejen de bastardear.

Lo peor del asunto es que se ha creado un sistema de autocontención. Todos los “artistas” se reúnen en bares unders, webs pseudo artísticas, estudios de diseño, etc. y se palmean la espalda mutuamente. Es como un grupo de apoyo, pero ninguno de los que está ahí dentro se cree necesitado de ayuda psicológica. Aquellos con el infortunio de ver alguna de sus muestras "artísticas" pronto descubrirán que, si no la entienden o no les gusta, serán tachados de estúpidos o grasas.

Hay que saberlo. El que diseña es diseñador. El que dibuja es ilustrador. El que pinta es pintor. El que escribe, escritor, poeta o ensayista. Y el que hace arte conceptual es un payaso con problemas de autoestima. ¿Artista? Ese título solo queda reservado a unos pocos. Y si no son artistas, no hacen arte. No jodan más.

Para seguir pensando