Todo lo que siempre quiso saber y nunca se animó a preguntar
Alguna vez, la Argentina fue pionera en el género. Hoy, la industria parece muerta. Pero existen realizadores que no se resignan a la idea y logran productos de exportación, así como gente desprejuiciada que no duda en dedicar sus sábados a la noche en la producción amateur de películas triple X.
Un poco de Historia
Luke Ford, en su History of X, la Biblia de la pornografía, afirma que una de las primeras producciones del género es argentina y que se remontaría allá por el año 1907. Muchos se mantienen escépticos. Sea como sea, El Sartorio -así se llama el film- es hoy mítico y, por más dudas que haya sobre su año exacto, fue una película muy temprana y que merece su lugar en la historia del Triple X.
A partir de 1920 existen, en la Argentina, registros de la producción casera de películas pornográficas para un acotado circuito de la alta sociedad. Filmaciones clandestinas en su mayoría, que se iban pasando de mano en mano entre aquéllos que tenían el dinero para darse un lujo tan costoso.
En los años '50, de la mano de la mafia italiana, que estaba a pleno en el negocio de la prostitución se hicieron una innumerable cantidad de películas pornográficas. En ese momento, la Argentina se convirtió en uno de los mayores exportadores del mundo. En los 60, se realizaron algunos intentos, pero la cosa comenzó a decaer por la represión y la censura de los gobiernos militares.
Luego vino la diosa Isabel Sarli y los consabidos Olmedo y Porcel, entre otros tantos etcéteras, para llenar con su "erotismo" el bache dejado por aquellos pioneros argentinos que se atrevieron a mostrar la carne de nuestros hombres y mujeres.
El documentalista Uriel Barrios, dedicó más de dos años de su vida a recopilar información sobre el tema de la pornografía en la Argentina. Como resultado, son 13 los capítulos que conforman la serie Argentina XXX, una fuente de información inestimable para esta nota.
Victor Maytland, un pornógrafo visionario
En lo referente a la producción industrial solo una persona puede ostentar el título de director cuasi mainstream, y esa persona es Victor Maytland. Este uruguayo, residente argentino, cuenta con una importante cantidad de películas porno en su haber. El pitilín colorado, Las tortugas mutantes pinjas, Los porno sin son y Los Pinjapiedras son sus primeras producciones. Muy casposas todas ellas, con un humor demasiado satírico -tan característico de los argentinos- y bastante malo, actores de medio pelo, y cosas bizarras como disfraces y máscaras -que ocultan la identidad de los actores- y escenas explícitas un tanto baratas. Hoy, Maytland tiene una productora de películas condicionadas llamada Producción Nacional con una estética un poco más acorde a los tiempos que corren, sin máscaras, ni humor malo. Los pornodebutantes argentinos y Los pornodebutantes argentinos II son títulos obligados -aunque con tintes amateurs- para todo aquel que se considere un sibarita de la pornografía. Victor Maytland, un creativo si los hay, además de un pionero en su estilo, también fue responsable de Expedición Sex, un Reality Show sin vueltas, filmado en las islas del Tigre y con mucho sexo explicito con gente desprejuiciada dispuesta a todo para pasarla bien. Expedición Sex es el primero en su especie y fue trasmitido por la señal de cable Afrodita en respuesta a los cientos de programas Reality que pululan por la televisión argentina. Lo protagonizaron, entre otros personajes, una maestra jardinera, un camionero, una estudiante, un abogado y un barman. Personas normales que asistieron a la convocatoria de Maytland, impelidos más por la experiencia que por el premio. El formato es similar a el de Expedición Robinson pero, en las islas del Tigre, nunca faltó la comida, ni el abrigo, ni el mate, ya que son elementos necesarios para tener una jornada agotadora de sexo. Los participantes se votaban entre sí para echar a sus compañeros de la isla. Pero, para mantener un equilibrio, las mujeres solo podía votar a los hombres y los hombres a las mujeres. No faltaron las alianzas, ni las traiciones. Las pruebas de inmunidad y bienestar no estuvieron ausentes. Y las proezas sexuales más impensables se materializaban en pantalla. 200 hombres se presentaron a la convocatoria de Victor, junto a 20 mujeres, un casting impresionante para su próxima película. "Vos podés ver al Gran Hermano de Robinson en El bar, pero en Expedición Sex vas a verlo todo", asegura Maytland. Y muchas productoras extranjeras ya se aseguraron los derechos de Expedición Sex y Afrodita está a punto de editar los 13 capítulos de la tira en video. Muy recomendados todos ellos.
Fiamma, la apetecible Paraguaya
Fiamma, una paraguaya radicada en la argentina, es la porn-star del momento. Ella, junto con Maytland, filmaron un Gang Bang -donde participan más de tres hombres y una sola mujer- llamada Fiamma y los 12 hombres. Su esposo Hector dirigió y produjo su propio film condicionado, titulado Amistades Peligrosas. "Una especie de biografía de nosotros", dice Hector. Fiamma sostiene que no esta dentro de la industria por dinero, porque no se manejan grandes cifras, aclara, sino por diversión. Ella y su marido Hector tienen una fábrica de productos para bebés.
El circuito amateur
Personas como Maytland son la prueba viva de que, ni aún con perseverancia, se puede generar un mercado interno que sustente la producción regular de películas del género. Por un lado, la Argentina no es el lugar más adecuado para filmar películas XXX de mediana calidad en 35 mm ya que los pocos que se animan, carecen de recursos. Eso sin contar el conocimiento necesario para el montaje de una película. Así, el video se ha impuesto en las preferencias de los realizadores argentinos y la calidad de este formato difícilmente pueda compararse con las producciones que llegan del extranjero. También existe el problema de los prejuicios. En cualquier otro lugar del mundo, una actriz porno es considerada una celebridad, en nuestro país no se haría más que estigmatizarla. Esos dos factores logran que muchos opten por la filmación de películas amateurs para la exportación. Hay que reconocer que, entre lo "amateur" y lo "mainstream", en la Argentina las divisiones no están muy bien establecidas. Ya que incluso las producciones "importantes" rozan lo cutre de lo amateur.
Para que se entienda, lo amateur en el género es todo aquello en lo cual no participen actores conocidos, se prefiere que sea su primera vez frente a la cámara, que carezca de un presupuesto holgado y que se asemeje -estéticamente hablando- lo más posible a la realidad. ¡Vamos, como filmar las relaciones de cualquier pareja argentina! Esta estética, existía desde los comienzos del género, pero recién se comenzó a apreciar y masificar con la llegada de Internet a los hogares del mundo. El fácil acceso a la red de redes logró que esta corriente se convirtiera en una ola imparable. Cualquiera podía filmarse teniendo relaciones con su pareja, subir el video a Internet y hacer unos cuantos dinerillos con sus aventuras. Poco a poco, lo amateur se ganó un lugar en las preferencias del pornógrafo y hoy es un negocio redondo y accesible para cualquiera que se anime. No son pocos los argentinos, escondidos en sus mal iluminadas habitaciones, que con la ayuda de una cámara digital filman sus experiencias sexuales y las venden al mejor postor... o al primero que aparezca.
El gusto de los argentinos
"En el cine porno, principalmente busco diversión. Me aburre un poco una película `sin argumento´ cómico. Es decir, ésas que meta y ponga nomás son bárbaras, pero me canso a los minutos. Me gusta que tenga situaciones divertidas, bien ridículas, y que haya buenas minitas, muchas minitas y pocos chabones. No me va lo bizarro (aunque las siliconas no están mal). Ah, y creo que hoy, con varias decenas de películas encima, me inclino por el cine amateur, aunque las producciones de Blake, esas con culos y tetas perfectos, me alucinaban en su momento. Me acuerdo de una película argentina, el nombre no lo sé en este momento, pero era comiquísima y media casera. ¡Empezaba con una minita empapada en yogurt! Estaba muy buena, aunque nunca más volví a ver ni a buscar una peli hecha acá." comenta Durgan Nallar mientras revisa las estanterías de un conocido porno shop. Eugenio, que hace cuatro años trabaja en un videoclub especializado, nos comenta que "en la argentina hay de todo. El más común es el trajeado que sale de la oficina a la hora de almorzar, busca en la sección de travestis y paga sin decir ni mu. Pero después tenés de todo... ¡si te contara! Ves parejas que vienen a calentarse con las tapas, se manosean un rato, se ríen y se van de la manito. Está lleno de gays, tuvimos que ampliar la sección, con eso te lo digo todo. Lo amateur se alquila bien y con las películas de teens no doy a basto. De lo clásico ya casi no se pide, solo las películas de Private tienen salida. Ah, la zoofilia gusta". Cuando se le preguntó a Eugenio por las películas argentinas, responde señalando hacia algún lugar indeterminado "hay un par por ahí".
¿Porqué alquila películas condicionadas? se le pregunta a Durgan. "Me estoy poniendo viejo" -ríe- "Ahora apuesto al Viagra Plus -el común es para otras, el Plus para hacerlo con mi jermu-. Claro que, un par de años más, y tengo que volver a alquilar porno todos los días."
Esta investigación tiene unos años. Pero se mantiene bastante vigente. Solo han habido algunas pocas películas nuevas y algunos argentinos trabajando para páginas yanquis. Uno de ellos es el creador de El Mono Mario, quien estuvo haciendo animaciones para la web CumOnHerFace
Para seguir pensando
